Siempre tengo la sensación de querer escribir en esos momentos cuando mi siento una sensación refrescante en mi pecho o cuando siento opresión en el mismo sitio.
En ese momento cuando pienso en ella es que mis manos desean escribirle una oda, a la hacedora de emociones o las emociones en sí. Son en esos momentos deliciosos cuando puedo rellenar el blog, las hojas, cartas, manifiestos, apologías a los sentimientos o lo que fuera.
Mi necesidad a escribir aquí parte del hecho en que aunque lo digo muchas veces siento que no transmito el mensaje completo; y aunque transmito el mensaje completo siento que la tosquedad de mi lenguaje o los rescoldos de una racionalidad hacen que pierda el brío y quede exento de la magia con la que sale de mi cuerpo.
Hace 8 meses me hubiese parecido inverosímil el pensarme escribiendo otro manifiesto de amor. Pero en el presente me antoja necesario escribir, pues las sensaciones, emociones y sentimientos desbordan mi mente; y se siente rico, necesito compartirlos.
Ahora, en el presente, escribo, para mí, para el blog y también para ella, pues aquí le profeso lo mismo que le profeso cuando esta conmigo; al escribirle siento aún el calor de presencia y le escribo a ese calor que me cubre; a esos ojos que aún me miran, a esas manos que aún me tocas, a esa boca que aún me besa, a ese cuerpo que aún recorro.
Y le escribo diferente y el mensaje es el mismo, cero redundante, pero quizás repetitivo, y eso sí, más contundente.
Y le escribo, pues mis palabras escritas son el eco de las dichas oralmente; las anclo en esta bitácora para que sean unos testigos presenciales, los narradores de la historia que acontece en mi interior.
Te escribo y para no explayarme demasiado, para que leas esto y quede grabada en tu mente, el solo y simple hecho… de que estás grabada a fuego en la mía.
